Tom Odell llena de magia la noche madrileña

Tom Odell llegó a nuestras vidas hace 5 años, cuando deslumbró al mundo entero con su debut Long Way Down en 2013. Su hit «Another Love» conquistó todas las radios y eso lo llevó a girar por numerosos festivales dándose a conocer por cada rincón de la geografía europea.

Su segundo LP, Wrong Crowd, se hizo esperar 3 largos años, pero el de West Sussex quiso cocinar su segunda pieza a fuego lento y con la garra que lo caracteriza.

Cinco años después de su primigenio éxito, volvió a conquistar al mundo con su tercer largo Jubilee Road, que salió a la venta el pasado mes de octubre. Así, arrancó una intensa gira exprés a lo largo del continente europeo. El pistoletazo de salida lo dio en Glasgow el 12 de octubre y el broche de oro lo puso en Madrid, coronándose sobre las tablas de la mítica sala La Riviera.

 

Una noche mágica

Tom Odell quiso poner fin a la gira de presentación de Jubilee Road llenando de magia una noche madrileña. Ofreció un show de dos horas cargado de emociones e intensidad, que no dejó indiferente a nadie.

Quiso hacer un guiño a su tercer largo empezando la velada con la exquisita «Jubilee Road». Una trabajadísima balada de cerca de cinco minutos, en la que nos encontramos desde el principio a un Tom más maduro. Ya no solo le canta al amor, sino que también le canta a la vida.

La intensidad de la velada fue creciendo rápidamente y Tom puso la sala patas arriba en cuestión de segundos de la mano de «I Know». El británico, con su característica intensidad, decidió prescindir de su banqueta y lanzarla por los aires.

Vivimos una verdadera montaña rusa emocional. Mientras Odell seguía avanzando a lo largo del setlist por las teclas de su piano, tuvimos ocasión de saltar, cantar a pleno pulmón e incluso dejar escapar alguna lágrima. «Constellations» fue uno de los momentos más emocionantes de la noche. Tom Odell declaró su amor por Madrid y confesó que esta canción le transportaba a la capital española cada vez que la interpretaba. Nos hizo imaginar que estábamos en un pequeño antro madrileño, a altas horas de la madrugada, acompañados de un piano y de esa persona que nos roba el alma. Y así, sentado en su piano, nos regaló una de las piezas más emocionantes de toda la velada.

 

Foto por Live Nation

El británico es todo un showman. Sale al escenario pisando con fuerza e interactua constantemente con su público. La puesta en escena era muy simple y minimalista. Se acompañaba de unas cortinas burdeos y de sus instrumentos, así como de una iluminación básica y bastante tenue. No obstante, todo ello juega a su favor, porque su presencia escénica eclipsa cualquier otro elemento externo. Tom Odell tiene el carisma necesario para meterse al público en el bolsillo sin necesidad de decorados o luces espectaculares.

Entre ovaciones y con el vello erizado la noche siguió avanzando y llegó hasta el momento más memorable del concierto. Tom decidió abandonar el escenario y unirse a su público al ritmo de «Hold Me». Se recorrió La Riviera caminando entre la gente como un mesías hasta que se subió sobre una barra, se sirvió una cerveza y nos hizo corear a pleno pulmón el estribillo de la canción.

 

Foto por Pilar Alcocer

Tuvimos la ocasión de saborear piezas de cada uno de los tres álbumes y, por supuesto, no faltaron himnos como «Another Love» o «If You Wanna Love Somebody», e incluso una versión desenfadada de la mítica «Imagine» de Lennon.

La noche llegó a su fin con una sentida versión de «Magnetised» en la que Tom, acompañado de su piano, brilló con luz propia y se despidió de un público madrileño más que emocionado y ansioso por recibir pronto una nueva visita.

 

La versión mejorada de Tom Odell

Han pasado cinco años desde que conocimos a Tom Odell allá por 2013; cinco años en los que ha crecido a pasos agigantados. Lejos ha quedado aquél chico tímido que se sentaba tras su piano a cantar con el corazón roto. Poco queda de esa vieja timidez en una fiera que se sube sobre el escenario con una garra e intensidad que descoloca emocionalmente a cualquiera.

Pero no es solo garra o carisma lo que ha ganado Tom Odell, sino que ha mostrado una versatilidad difícil de encontrar. Es capaz de romperte el alma con una balada y pasar en cuestión de segundos a ponerte en pie y hacerte saltar como nunca.

Tom Odell, músico y mago, llegó a La Riviera, nos agitó el alma y se fue. Dejó una de las atmósferas más mágicas y bonitas que he visto y nos conmovió con la intensidad de cada una de sus piezas perfectamente ejecutadas.

 

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