Alba Reche lanza "quimera", un viaje emocional que navega entre distintos géneros

Al fin ha llegado "quimera" el disco debut de Alba Reche, un álbum cocinado a fuego lento y con mucho mimo. La portada ya nos auguraba una historia conectada entre canciones que navegan en los cauces de la mitología griega. En ella podemos ver una impresionante emulación de Eros y Psique y un guiño a los velos hiperrealistas propios de la escultura.  

“quimera” es esa dualidad, ese animal mitológico que desprende miedo y ese sueño y esperanza. Ese miedo por un primer álbum y lanzarse al mercado musical y el sueño y la ilusión por presentar tu primer trabajo. Un viaje emocional para el que lo mejor es desconectar de la realidad la media hora que recogen sus once piezas y sumergirse en ese viaje.

Abre la veda su homónimo “quimera”, un acústico que inicia con guitarras y palmas para introducir la voz de Alba e invitar al oyente a una atmósfera en constante cambio. Con instrumentos y coros como acompañamiento de una pieza que habla de lo improbable de reencontrarse con alguien, pura esencia Quimera, ese sueño producto de la imaginación y que se anhela o se persigue pese a ser improbable. Esa calma y esperanza que se mantiene hasta los últimos segundos, con un broche final de la mano del extracto de la película Desayuno con diamantes.

 

"caronte" comienza con un piano suave que introduce a la voz de Alba, y va subiendo de intensidad al llegar el estribillo, con la entrada de la base de percusión y el juego de sintetizadores y coros. Es en los últimos segundos donde rompe del todo y la artista alza la voz, para terminar en un completo silencio donde únicamente se percibe la percusión. Una canción con la que la artista cuenta la historia de un alma atormentada cargada de melancolía y nostalgia.

"Te canté hasta que me ahogue, te tapabas los oídos como si no pudieras ver".

 

 

Del río Aqueronte navegamos hasta"asteria", que nos transporta a un tranquilo paseo nocturno.Una pieza donde la voz toma todo el protagonismo y que se crece cuando aparecen los beats al de un minuto y unos coros que seducen.

Asteria, esa diosa de las estrellas fugaces y las adivinaciones nocturnas queda representada, “Solitaria, encadenada, en media vibración del mar, lastimada, envenenada, culpa de la sobriedad”, nos recuerda a Asteria escapando de Zeus y saltando al mar, convirtiéndose en isla.

 

Encontramos en "aura" la canción más tranquila e íntima del álbum. Guitarras que de nuevo introducen a la voz pero esta vez acompañadas de unos sonidos de caja y coros de voz grave que dan profundidad. El final, simulando el viento, es el excelente guiño a Aura, diosa de la brisa y difícil de alcanzar.

 
Ale Lanoix

"niña", canción que nació en la academia de Operación Triunfo y a la que la artista dedicó sus tardes, se ha convertido en un bolero que cruza el charco y recuerda a los sonidos latinos de Chavela Vargas o Violeta Parra y su “Una copla me ha cantado” o una más moderna Mon Laferte.

“Niña de los ojos tristes, te fuiste siendo buena, te acojo al pensarte dicha, te me resbalas, moriste siendo amada, aunque de poco sirva”.

 

La voz rasgada de Alba en un sonido R&B con tintes electrónicos nos sorprende en "lux". Con la llegada del estribillo aparecen nuevos sonidos pop-folk, ritmos cubanos y unos coros en francés que hacen de ella canción rara, pero que atrapa. lux es la canción más corta del disco y no se lo merece. Es carne de single.

 

"hestia" regresa a ese piano de cola y a la voz melancólica que descubrimos en "caronte" pero que da un giro y predominan unos constantes beats.“Volveré, por ti resistiré, quédate, sálvame”,“Pedir perdón a mi interior”, es una letra cruda, dura y personal que en una primera escucha te hace sentir intrusa, pero que luego haces tuya y te recuerda a tus experiencias personales. Las buenas canciones tristes son aquellas que uno se toma como propias sirviendo de bálsamo, y hestia es uno de esos milagros.

 

En "inanna", encontramos unos sonidos más urbanos cargados de sintes y tempos pausados y rotos que hacen variar el ritmo a su antojo. “No quiero que me quieras más, quiero que me quieras bien”, es toda una declaración de intenciones en contra de ese amor romántico, y qué mejor canción para el empoderamiento femenino que la que hace referencia a la diosa madre y de la feminidad.

 
Ale Lanoix

"eco" es quizás, la pieza más diferente del álbum en cuanto a características. La única en la que la voz de Alba se esconde en un segundo plano para que predominen los beats y sonidos electrónicos. Encontramos la referencia a la ninfa Eco, que por la maldición de Hera sólo podía pronunciar las últimas palabras que había oído en unos coros que repiten las últimas palabras de Alba. Pensado al detalle.

 

"medusa" fue la carta de presentación del álbum y la que más se aleja de él. Con un R&B y garage muy característico por la voz rota y unos potentes beats de sonidos pop-electrónicos, nos recuerda a Tove Lo, Anne-Marie o Dua Lipa, pero alejándose, ya que consigue dejar claro su sello, su marca de la casa.

Al igual que en "inanna", se acerca a la línea de temas actuales donde predominan las frases directas, cortas y repetitivas, fórmula que sin duda, funciona y engancha.

 
 

Pone el broche final "ares", la única colaboración y que corre a cargo de Pol Granch. Dos voces roncas y rasgadas que se unen en un guiño al dios de la guerra y donde unos parones en los beats crean una sensación de tensión. El solo en francés de la mano de Pol añade un toque único a la última pieza.

“Tu cuerpo en lo profundo, sin saber dónde estará, este suelo que es injusto, con cunetas de cristal”. Hay tiempo para letras reivindicativas en Quimera. ares culmina con unos coros que evocan a las canciones de batallón y trinchera y una Alba susurrando “final”, de la canción, del disco, y del viaje que nos ha regalado a todos. Detalles cuidados al máximo.

 

Es valiente jugar con tantos géneros en un primer disco debut, pero encontramos en “quimera” desde el r&b más clásico, a uno más moderno con electrónica, un pop rock entremezclado con folk e incluso sonidos latinos.

Lo especial del álbum también reside en la diversidad de productores, se nota la marca de Ismael Guijarro y en sus canciones encontramos tendencias hacia Rozalén o Marwan. Redmojo o Stego están presentes en las canciones con más electrónica y beats y Vic Mirallas y su urban-pop en la más bailable "inanna".

Un álbum que es reflejo de la artista, que cuenta un viaje emocional propio de la dicotomía oscuridad-luz que da comienzo en una historia de desamor (quimera), por la cual se sumerge en la oscuridad (caronte) hasta reencontrarse consigo misma (hestia) y deja atrás esa angustia para introducirse en la claridad (lux).

La artista nos trae un soplo de aire fresco, al acercar sonidos internacionales a una escena nacional donde aún no tienen hueco asentado. Alba Reche se embarca en un proyecto innovador en la escena musical española, que sin duda es más que prometedor.

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