Amaia nos descubre su lado más íntimo jugando con distintos estilos en “Pero No Pasa Nada”

La espera ha sido larga, pero la fecha marcada en el calendario ha llegado y junto a ella uno de los discos más esperados del año. Amaia Romero ha publicado "Pero no pasa nada", su álbum debut, grabado y producido por Santiago Motorizado (El Mató a un Policía Motorizado) en Buenos Aires, nos presenta un trabajo donde ha decidido apostar y dejar de lado la zona segura que es la música comercial.

Abrimos veda con "Última Vez", preludio con la voz tranquila de Amaia, un instrumental de sonidos bajos entremezclado con unos silbidos que nos introducen a un disco donde conoceremos a la Amaia más íntima.

Una letra sencilla y la voz delicada de Amaia toma el protagonismo en los casi cuatro minutos de "Quedará en nuestra mente". La artista ha permanecido en lo «indie» (por encuadrarlo en un género), y a mi me recuerda a la buena de La Bien Querida. Se le une un instrumental que en su estribillo navega en  las mismas aguas que el indie más castizo (influenciado por Santiago Motorizado, supongo) y que me recuerda a los sonidos del álbum «La noche eterna» de Love of Lesbian.

 

"El Relámpago", primer adelanto que conocimos, vino con aquel videoclip con visuales tan atractivos, flores, caballos blancos y fuego. Ciertamente ningún "debajo del relámpago" cantado por la artista se parece al anterior, y creo que en eso reside la magia de la canción. Pieza donde predominan los sonidos de batería,  derrocha una fuerza que la hacen carne de single.

"Nuevo Verano" es la única canción que conserva la firma de Raúl Refree y se hace notar. Igual erramos, pero parece escucharse el sonido de un theremin en el punto álgido del tema. Amaia juega a la perfección con las melodías creando un sube-baja de sonidos en los puntos claves de la canción. Un contraste bien ejecutado al que se le unen unos innovadores coros.

"Nadie podría hacerlo", segundo corte del álbum que conocimos esta primavera, es la pieza más tranquila e íntima donde la voz de Amaia acompañada del piano cuenta que "pasar buen tiempo no es pasar tiempo". Una oda a lo efímeras que son en ocasiones las relaciones.

De la intimidad de "Nadie podría hacerlo" viajamos hasta "Quiero que vengas", la canción con más garra del disco. "Quiero que vengas, o voy yo/Ya voy yo" grita la artista acompañada de la fuerza de la guitarra y batería. Amaia navega en un pop rock que no le queda nada mal y nos recuerda a "El Fango" de Zahara.

 

La nostalgia invade en "Todos estos años" que llega con unos toques de country y pop y la pandereta toma protagonismo. Una canción que relaja, y que será una experiencia única el escucharla en el formato teatro que la artista está preparando para su gira.

Con "Un día perdido" pasamos del relax al ritmo más bailable. Al son de "yo solo quiero esta noche dormir", la artista da una sorpresa navegando en un diferente registro musical acercándose más al pop.

El disco navega por diferentes estilos, adentrándose en un blues sencillo en "Cuando estés triste". La letra parece ser una carta de disculpa y arrepentimiento. La voz de Amaia adopta un tono suave que intenta transmitir calma, mientras va cogiendo garra buscando lo que parece ser una reconciliación consigo misma.

"Miénteme si quieres, sé cuándo dices la verdad." Canta Amaia en "Porque apareciste", canción que evoca a "Tan pequeñica y sincera" de Marisol y su particular folclore que versionó hace poco. Una muy buena manera de cerrar el disco, donde vemos a la Amaia más íntima y sincera.

Amaia nada entre los sonidos propios de los setenta y el indie pop más actual y quizás esa es la fórmula de su éxito particular. En la primera parte del disco te teletransporta a canciones de esa época donde disfrutamos de un rock descafeinado mientras que a partir de la mitad un pop rock indie de la década presente se hace con el protagonismo. Un disco de diez.

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