Los mejores discos internacionales del 2019

El debut de The Japanese House nos ha sorprendido gratamente. No busca ser un disco demasiado ambicioso a nivel sonoro, sino que se afinca en un agradable synth-pop que nos hace viajar a través de las historias que Amber Bain nos quiere narrar. Un álbum sincero que nos lleva a conocer su mundo interior, sus idas y venidas, y su proceso de maduración.

Weyes Blood ha lanzado uno de los mejores discos de su carrera. El hundimiento del Titanic se convierte en el eje central del LP, y funciona como paralelismo de la deriva política y social en la que se encuentra sumergido el mundo occidental. El uso de sintetizadores, los sonidos de pop setentero y los toques góticos nos hacen disfrutar apaciblemente a lo largo de todo el álbum.

El sucesor de That’s Your Lot ha llegado tras una etapa dura para la banda. El álbum trata temas como el amor, el trauma, el sufrimiento o la culpa, y ha funcionado como vía de escape para Ben Gregory, una forma de resiliencia tras un bache psicológico. El disco sigue el indie-rock más británico, y resulta especialmente alegre teniendo en cuenta los momentos difíciles de los que proviene.

The Regrettes definen con How Do You Love? al cien por cien esa esencia garage pop entremezclada con el punk rock que defienden. Un álbum que enlaza a la perfección una canción con la siguiente y donde los arreglos de guitarra y las melodías se te quedan en la cabeza.

Omar Apollo se mueve entre un funk y blues que no escapa de sonidos del R&B ofreciendo un viaje al clásico ochentero. Con un mar de influencias, Friends lo conforman siete temas que en apenas veinte minutos despachan una complicada historia de amor. 

The Wallows no inventan nada, pero sí añaden con Nothing Happens un gran álbum para la escena del indie pop buen rollista. Letras directas, sencillas y muy bailables, que conforman un álbum veraniego del que no se puede escapar.

El tercer álbum de Marika Hakman es toda una invitación al atrevimiento y frescura, donde sin pelos en la lengua canta relatos autobiográficos y controvertidos a ritmo de pop, guitarras, batería y mucho toque de sinte. Toda una carta de intenciones personal e íntima pero muy bailable.

Harry Styles ha demostrado con su segundo largo Fine Line que vino para quedarse. Lejos de estancarse en un rock clásico pretencioso que auguraba su debut, nos encontramos con un Harry Styles mucho más liberado. El artista se lanza a coquetear con diferentes estilos a lo largo del disco. Con un claro predominio de sonidos rock y soul de lo más sensuales, también encontramos pop y R&B muy actuales.

Solange juguetea a la perfección en When I Get Home con el jazz más tranquilo y experimental. Un álbum que no se mantiene en un único estilo y donde se atreve a contonearse con variedad de sintes y reverbs que lo hacen muy atractivo.

Tove Lo nos presenta en Sunshine Kitty un salto hacia nuevos sonidos en los que se atreve a navegar en un dancepop, pero sin alejarse de su pop puro y tradicional que le precede. Un disco con el que todas las canciones quedarían a la perfección en la pista de baile.

Cry es la continuación perfecta para el debut de Cigarettes After Sex. Nos sumerge en una atmósfera de ensueño de la mano del dream pop más soft y onírico, acompañado de letras de lo más poéticas cargadas de erotismo, amor y pequeños detalles. Un segundo álbum que sigue la estela de su predecesor pero con resultado sobresaliente.

Sharon Van Etten ha lanzado uno de los trabajos más redondos de su carrera. Con un trasfondo bastante emotivo, nos hace viajar por nuevos sonidos en los que cobran cierto protagonismo los sintetizadores. Una pequeña montaña rusa tanto a nivel emocional, como musical, que nos hace atravesar subidas y bajadas a través del indie rock más genuino.

Social Cues sigue claramente la estela de su predecesor Tell Me I’m Pretty. Es un álbum que derrocha frescura y que se deja ser escuchado gustosamente. Cage The Elephant han dado con la fórmula perfecta para atraer nuevos oyentes, y es que sus temas tienen un gancho exquisito, pero que no resulta facilón. Las letras de este largo se han visto claramente marcadas por la situación personal que atraviesa Matt Shultz tras su reciente divorcio, dando lugar a canciones sobre despedidas y desamor.

Beabadoobee nos regala un salto generacional con Loveworm, un álbum quee es pura esencia de los sonidos propios de los noventa, eso sí con un toque actualizado que no escapa del indiepop con tintes psicodélicos. Siete canciones que derrochan nostalgia desde un punto socarrón muy atractivo.

El álbum debut de Kim Petras ha sido uno de los grandes bops de este año. Nos deja saborear sus influencias con algunos beats muy propios de las divas del pop de los 80 y 90. No obstante, saca a relucir su parte más contemporánea de la mano de sonidos de hip-hop y trap que resultan más que contagiosos. Petras nos ha regalado un disco en el que se suceden temazo, tras temazo, dejando claro que es toda una diva pop.

girl in red recoge en Chapter 2 la esencia del bedroom pop acompañado de canciones crudas y directas donde despacha los problemas de todo joven. La artista abre la puerta e invita a conocer al oyente canciones autobiográficas que, cantadas desde el sarcasmo y humor resultan maravillosas.

Si algo tiene la música de James Blake es identidad propia, y en Assume Form lo ha vuelto a demostrar. Nos envuelve en un viaje de una electrónica soft que juega con toques de soul, R&B, o incluso algo se hip-hop. Este largo sirve a James Blake para hablar del amor y del torbellino de sentimientos que genera en él su compañera de vida. Es un disco cargado de colaboraciones, no solo a nivel vocal, sino también de producción.

El arte de este álbum se esconde en la capacidad de Ezra Koening y los suyos de concienciar sobre importantes cuestiones sociales y políticas de la actualidad, todo ello sin perder su ya típico tono jovial y festivo. Father of the Bride llega como un álbum más maduro, que lejos de ser un hervidero de hits facilones, nos hace viajar por varios temas uptempo mezclados con baladas gustosas. 

Bon Iver nos ha regalado un disco de vértigo que se sitúa, probablemente, en lo más alto de su carrera. El colofón perfecto para cerrar un recorrido de cuatro etapas, en el que i,i representa el otoño. Justin Vernon mezcla con maestría una amalgama de sonidos y efectos, creando su sello de identidad propio. Además, a lo largo del LP encontramos grandes colaboraciones con artistas como James Blake que aportan un toque único.

Desde pop ochentero, hasta balada más melódicas, el Sucker Punch de Sigrid es un cuchillo de doble filo, donde a ritmo de pop ligero canta directa y crudamente a la amistad, el amor, o contra los peces gordos de la industria. Todo cabe en un disco cocinado bien y lentamente, donde vemos a la mejor versión de la noruega.

Con Cuz I Love You Lizzo engancha al son de baladas de rap donde cuenta experiencias personales, que invitan al empoderamiento y que llegan a generar cierta conciencia social. Sin un género específico, pero con tintes de rap, soul-pop y una voz con mucha garra, disfrutamos de la Lizzo más natural.

En Pony, Rex Orange County nos regala su esencia más juvenil y cotidiana en un álbum donde ofrece un toque más cañero y guitarrero pero con la esencia de sus anteriores trabajos. Suma a su repertorio marcados sonidos electrónicos y de sintes muy atractivos con los que se reinventa.

Charli es un álbum redondo en el que Charli XCX ha conseguido definir a la perfección su sello de identidad. Nos hace navegar entre sonidos de los 90 pero totalmente reinventados, logrando traernos el pop más enérgico y actual con unos toques de nostalgia. El disco cuenta con colaboraciones de lo más exquisitas, y avanza hit tras hit.

A lo largo de este año Foals nos han regalado dos discos, o mejor dicho, uno partido en dos. Una fórmula que a primera vista resulta un tanto dudosa, pero que parece haber funcionado bien. De sus dos partes, nos quedamos con la segunda. En Part 2 encontramos un sonido con mucha más garra, capitaneado por el lado más efervescente de la banda. No obstante, tampoco faltan las baladas intensas que nos transportan a una atmósfera de ensueño. Probablemente la mezcla de las piezas más destacadas de cada parte en un solo disco habría sido la mejor elección, pero haciendo un balance entre ambos largos, nos quedamos con el equilibrio entre las explosiones de energía y los momentos para ponerse intensito que consiguen Philippakis y los suyos en Part2.

Big Thief han hecho doblete en 2019 con U.F.O.F. durante la primavera y Two Hands para despedir el año. Algo totalmente inesperado que se ha convertido en una grata sorpresa. Si con U.F.OF. nos traían una aventura más experimental, en Two Hands nos sumergen en una experiencia con más crudeza y cercanía. Exploran temas habituales en su repertorio, centrándose siempre en lo desconocido, pero desde un punto de vista más terrenal o humano.

Con Immunity Clairo da un salto enorme de aquel bedroompop con el que sedujo y se consolida en el lo-fi entremezclado con el soft rock. Baladas que cuentan con sintes, rock garagero e incluso toques de un ligero autotune que encajan a la perfección con la voz suave de Cotrill.

Tyler, the Creator vuelve a regalar un álbum lleno de carga emocional donde vuelca sus vivencias y sentimientos a ritmo de un imparable pop que se contonea con sintes, teclados y con una voz que sabe jugar muy bien sus cartas en cada tema. La forma de acabar las canciones, con ese sonido de corte accidentado y no común realzan las emociones que regala en IGOR.   

El álbum debut de Billie Eilish sorprende por moverse tan bien en un dark pop lleno de matices y muchas voces distorsionadas. En We All Fall Asleep, Where Do We Go? hay hueco para todo, para la nueva Billie Eilish con sonido propio, grave y electrónico, y para la que debutó con baladas más ligeras y melancólicas. Un disco de diez, donde todas las canciones que lo componen reflejan los pensamientos nostálgicos y problemáticos de la joven Eilish que calan muy hondo en el oyente.

MAGDALENE es una de las grandes joyas de 2019. El regreso de FKA Twigs ha sido estelar y la artista se ha reafirmado de la mano de un trabajo de matrícula de honor. La artista se desnuda por completo y nos muestra sus emociones más profundas, pasando desde una situación de vulnerabilidad, hasta la rabia o el deseo más intenso. Cargado de simbología religiosa y con María Magdalena como musa, FKA Twigs nos regala un disco cargado de detalles exquisitos. Con la electrónica más actual al frente, MAGDALENE cuenta con sonidos post dubstep, vaporwave y toques góticos.

Lana Del Rey se ha superado a sí misma en cuanto a sus dotes como compositora. Podría decirse que Norman Fucking Rockwell! esconde algunos de los mejores temas de Lana Del Rey, con temas como “Mariners Apartment Complex” o “Venice Bitch”, de casi 10 minutos. Una vez más, falla la duración del largo, que resulta algo excesiva, pero lo compensa la exquisitez y delicadeza que derrochan algunos de sus mejores temas. Un disco lleno de iconos de la cultura americana, de amor y desamor. Lana nos hace viajar con la calidez de su voz a través de baladas muy setenteras, algo de psicodelia y toques surferos. Norman Fucking Rockwell! es un álbum de ensueño que fácilmente podría ser uno de los mejores de la artista.

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